martes, 1 de enero de 2008 5:54 p. m.
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Había una vez un hombre que anhelaba trabajar menos y el capitalismo lo dejó en paro.
Había una vez un hombre que soñaba con viajar más y el capitalismo lo metió en una patera.
Había una vez una mujer que buscaba amor y el capitalismo la arrojó a la prostitución.
Había una vez una mujer que deseaba una máquina de coser y el capitalismo la encadenó a una maquila.
Había una vez un niño que deseaba que su padre no le pegara y el capitalismo lo dejó huérfano.
Había una vez una niña que no tenía ganas de estudiar matemáticas y el capitalismo bombardeó su escuela.
Había una vez un hombre y una mujer y un niño y una niña que deseaban vivir felices y libres de preocupaciones y el capitalismo les dio la televisión.
| Anónimo | 1/1/08 5:57 p. m. |
Lo más temido ocurre siempre, decía Kafka.
Mucho peor: lo más deseado también.
| Anónimo | 1/1/08 5:58 p. m. |
El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social.
Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales.
Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida.
Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad.
| Anónimo | 1/1/08 7:10 p. m. |
Lo que queda por hacer es enorme y solo podrá ser acabado por la realización misma de la revolución social.
| Anónimo | 1/1/08 9:24 p. m. |
