domingo, 16 de diciembre de 2007 5:21 p. m.
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Hay personas y analistas, que más allá del exabrupto natural ante una acción injusta y arbitraria, no se atreven a llamar fascista a nada de lo que nos rodea. Puede que estén esperando a ver por la avenida de sus ciudades el desfile de jóvenes paramilitares, banderas con cruces gamadas, salidas de fieles de las iglesias con los brazos efectuando el saludo romano, y un campo de concentración con cámaras de gas en las afueras, donde se amontonen comunistas, gays, independentistas, feministas, ecologistas, anarquistas y hasta socialistas; estar esperando, a la postre, que la Historia se repita para entonces, sí, en tono solemne decir: ha llegado el fascismo.
| Anónimo | 17/12/07 7:49 p. m. |
Hay que hablar de democracia y libertad para no practicarla y hay que mentar al fascismo como una ideología totalitaria pero solo y exclusivamente asociado a Mussolini y Hitler, para nada a la vida cotidiana de nuestras lustrosas democracias, y de esto bien se encargan los «falsimedia», los medios de información que van trabajando en el perfil del ciudadano perfecto, es decir, el que cree que vive en libertad porque vota cada cuatro años a partidos que se esfuerzan por parecer antagónicos, el mismo que se aleja de cualquier tejido social y reivindicativo, para vivir como propia la vida tormentosa de algún famoso cocainómano, siempre dispuesto a cobrar por entretener al prójimo, y hacer con eficacia el trabajo diseñado por el sistema, que el que lo ve y lo oiga no piense, ni tan siquiera en sí mismo, el ser humano definitivo: amnésico e inmovilizado, feliz por poder elegir entre dos marcas de yogur.
| Anónimo | 17/12/07 7:50 p. m. |
De todos modos hay esperanza en quienes entraron al teatro y se salieron, entre los que no entraron por convicción, entre los que aún dentro huelen a podrido y buscan luz en el exterior, y en quienes simplemente nacieron fuera.
| Anónimo | 17/12/07 7:50 p. m. |
