certeza vegetal
domingo, 28 de octubre de 2007 1:13 a. m.

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El 27 de febrero de 1986, 14,4 millones de personas vieron en la serie East Enders cómo Angie intentaba suicidarse después de descubrir que su marido había vuelto a ponerle los cuernos.

En el Hackney Hospital de Londres Este la cifra total de casos de envenenamiento deliberado reconocido durante la semana siguiente aumentó en un 300%.

Más tarde, Angie y Den intentaron rehacer su relación yendo a un asesor matrimonial; el Consejo de Asesoría Matrimonial registró un aumento del 50% en el número de clientes necesitados de sus servicios.

En estos casos, ¿aumenta la fuerza emocional de la acción mediante la personalización y la familiaridad? ¿Tendría el mismo efecto la retransmisión televisada de revueltas? Puede parecer que, hasta cierto punto, sí, pues la retransmisión de revueltas se ha visto sometida a censura para impedir la aparición de «disturbios por imitación».

Que la televisión, como sugiere la derechona más torpe, pueda crear un cultura del disturbio, es más que dudoso. […] Es más probable, sin embargo, que nos quedemos en casa con la esperanza de que podamos verlo todo, con repetición de las mejores tomas, en la tele. Con un poco de suerte, la revolución se televisará.

La televisión llena el aislamiento con las imágenes dominantes, cuyo poder deriva precisamente del aislamiento.

Mientras menguan nuestras posibilidades de relacionarnos personalmente, aumenta a cambio nuestra dependencia de la televisión para dar sentido a nuestra existencia.

Devoramos todos los medios a la espera de dar con una pista, alguna huella de significado en nuestras vidas y en nuestra experiencia cautiva.

¿Qué conseguimos? Una comunidad compartida que está siempre en otro lugar, sucedáneo de las vidas que hemos dejado de vivir.

La televisión nos «une» en unidades familiares individuales para ver lo que «todo el mundo» cree, con el disfraz de «darnos lo que queremos».

Enganchados por cada mentira y cada teleserie, nos educamos con historietas sobre la vida en otros entornos suburbanos.

La televisión es un medio perezoso que, al aportarnos una sucesión de imágenes, suprime el «razonamiento inferencial».

Anónimo   28/10/07 1:25 a. m.


Incluso así, hay quien, bajo la luna apagada, no teme perseguir puntos de luz en la oscuridad. Por alguna parte se mueve la linterna de Diógenes. Es triste, sin embargo, ver a antiguos compañeros en condición de reos de tramoyas electoreras y financieras.

Hoy la historia, violada por el neoliberalismo, está preñada de mediocres. La utopía escurre por la rejilla del alcantarillado. La luna está en menguante, la estrella ya no refulge.

Me duele tanto desacierto. Los sueños de una generación cambiados por un plato de lentejas. Sigo esperando la luna nueva.

Anónimo   28/10/07 1:26 a. m.


Las condiciones objetivas están hasta las narices de nosotros.

Anónimo   28/10/07 1:24 p. m.


Igual las condiciones objetivas dejan de estar hasta las narices y revientan y arde todo.

Anónimo   28/10/07 1:24 p. m.


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